La CESM, un referente para el sector

 
La Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM) se ha convertido en un referente de primer orden para todo el sector sanitario español. Y no sólo por los resultados de las últimas elecciones sindicales, en donde arrasó en comunidades como Madrid. Ni por él éxito que obtuvo en Cataluña tras la huelga que protagonizó contra la política laboral que estaba desplegando la consejera Marina Geli. La CESM se ha convertido en un referente porque todas las batallas que plantea frente al poder le están reportando frutos, porque las organizaciones médicas que buscan su auxilio resultan siempre beneficiadas, porque sus estudios sobre necesidades médicas han abierto sendas por las que ahora tratan de caminar otros y porque no existe corporación profesional que logre objetivo alguno sin gozar antes del respaldo de este sindicato profesional que despierta la admiración de CC.OO., UGT o Satse, y que ha sido capaz de absorber a figuras históricas del sector como Antonio Rivas. Los ejemplos de tales aseveraciones son innumerables: gracias a la CESM, los médicos residentes completan su formación con unas condiciones laborales bastante mejores que hace dos años. Sin el apoyo de la organización que dirige con tino Carlos Amaya, los MIR seguirían hoy ninguneados por culpa de la displicencia de Elena Salgado, ya ex ministra de Sanidad, y percibirían un salario miserable por el trabajo que despliegan en los centros sanitarios. Con los médicos de urgencias sucede otro tanto. Cuando los profesionales de la sociedad científica que les representa —la Semes— se manifestaron a las puertas del ministerio nadie daba un duro por sus reivindicaciones. Ni siquiera la Organización Médica Colegial (OMC) acudió en su respaldo. Pero sí estaba allí la CESM en socorro de sus compañeros. De ahí que hoy, Sanidad haya dado marcha atrás con acierto en sus planteamientos iniciales, elaborando un decreto que les conferirá la especialidad. Sin la batalla de la CESM en la calle, en los hospitales, en las mesas sectoriales, en los foros de negociación y en las autonomías, dicho decreto, simplemente, no existiría, y los médicos que trabajan en las urgencias no tendrían esperanzas de convertirse algún día en especialistas. Bien pues por la CESM y bien por Bernat Soria, que ha rectificado con acierto.

Los sindicatos médicos, que ya ganaron en el pasado gloriosas batallas contra ministros y altos cargos del PP como la de las fundaciones sanitarias —gracias a esta organización, los hospitales tradicionales no fueron dejados al albur del derecho privado— o la del personal interino, se antojan pues vitales para que cualquier colectivo profesional obtenga éxito en sus reivindicaciones. Se entiende, por tanto, el fracaso que está cosechando la OMC en su postrera guerra contra la prescripción alternativa, y los desesperados intentos —todos pueriles y estériles— de la cúpula del Consejo de Médicos por granjearse como compañera de viaje en la batalla a esta organización puntera y ejemplar en la defensa de la profesión. Pero a la par que vanguardista, la CESM es irreductible: el paso lo marca ella y no la OMC, relegada esta legislatura a un papel de comparsa por mor de las erráticas y volubles decisiones de sus dirigentes. Por ello, las tretas de estos últimos para tomar el control de los sindicatos médicos fracasan una y otra vez al golpear muros infranqueables.

La CESM, en definitiva, es hoy la única organización que actúa realmente como contrapoder frente a cualquier tipo de partido, ya sea el PSOE, el PP o los nacionalistas. Sus responsables no se doblegan más que ante las mejoras profesionales. A la vista de su poder, se entiende el pánico que sienten Juliana Fariña y Guillermo Sierra ante la posibilidad de que Carlos Amaya decida dar el salto y presentarse a las elecciones al Colegio de Médicos de Madrid, y el pavor que despierta en la cúpula de la OMC el rumor que apunta a que Amaya daría el salto en una segunda fase a la presidencia de la organización. De ahí que la cúpula colegial se haya inventado la treta de las incompatibilidades profesionales.

 

SERGIO ALONSO, REDACTOR JEFE DE 'LA RAZÓN'

Fuente: gacetamedica.com