LAS ABEJAS DE HIPÓCRATES

Por M. MARTÍN FERRAND


CUENTA la Historia, en una de esas páginas en que se entreveran la ciencia y la leyenda, que Artajerjes, rey de los persas, envió una embajada a Atenas, cargada de ricos presentes, para solicitar de Hipócrates el Grande, antecedente y símbolo de todos los médicos que después fueron, socorro y ayuda para luchar contra una epidemia de peste que diezmaba su pueblo. Hipócrates ni se inmutó y justificó su pasividad por no ayudar a los enemigos de su patria. Es la primera vez, en lo que se me alcanza, en que se presenta un conflicto entre la política y la medicina asistencial.

 Aquí y ahora, muchos médicos españoles -los afiliados en la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos, unos 30.000- organizan sus fuerzas para votar «no» en el referéndum de la mal llamada Constitución Europea. Lo pintorescamente hipocrático viene dado porque esa postura política no es fruto de una reflexión de la misma naturaleza, sino la expresión de una protesta laboral, lejana en el tiempo e inútil en sus frutos: entre horario de servicio, guardias de presencia física -24 horas- y otras gabelas propias de su servicio a la sociedad, son muchos los médicos que cumplen jornadas semanales de 65 horas. Una barbaridad.

 Confieso que al hablar de médicos, enfermeras y demás profesionales sanitarios no soy, quizás, lo distante que debiera. De mocito me tocó diseñar, redactar y hasta dirigir un buen número de publicaciones sobre la especialidad y, entre ellas, el primer diario médico que se editó en España. Ahora, ya de mayor, les debo la vida, literalmente hablando, a los buenos médicos que diagnosticaron, trataron e intervinieron en mis males para, como les marca la vocación, convertirlos en bienes.

 Una larga serie de razones, muchas de ellas con raíz en el «régimen anterior», ha determinado que hoy disfrutemos en España de un magnífico nivel médico y de la que, muy posiblemente, sea la mejor medicina hospitalaria del mundo; pero el sistema está amenazado. Los grandes maestros médicos que, en buena medida, lideraron esa conquista han comenzado a jubilarse y ya son avanzadamente cincuentones los últimos del género. Hay desánimo en quienes deben relevarlos y la coyuntura internacional empuja a la fuga de cerebros con ofertas de mejor retribución y de mayor culto a la búsqueda de una excelencia que aquí, como corresponde a la pasión igualitaria, no atraviesa su mejor momento. La ministra de Sanidad sabrá lo que hace, pero el riesgo está ahí, es evidente y convendría prevenirlo.

Otra cosa es que, en un ejercicio de gran distorsión, los afiliados a la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos soliciten de la Organización Médica Colegial que los 170.000 ejercientes del país voten «no» en el referéndum de febrero. Según la leyenda ateniense, de la tumba de Hipócrates salieron multitud de enjambres de abejas benéficas que recorrieron el mundo sembrando salud. Alguna ha llegado aquí con desequilibrio esencial básico.

(Publicado en ABC)

 RÉPLICA

 

LOS SINDICATOS MÉDICOS Y LA CONSTITUCIÓN EUROPEA

(Réplica a un artículo de M. Martín Ferrand)

En su habitual columna en ABC, Manuel Martín Ferrand relacionaba el pasado día 19 a la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM), de la que soy secretario general, con una supuesta voluntad de promover el “no” en el próximo referéndum sobre la Constitución Europea. No sólo dejaba constancia de esa supuesta relación, sino que además la criticaba y se permitía deslizar algún que otro comentario poco respetuoso para los afiliados de nuestra organización. Eso sí, después de lanzar toda una serie de alabanzas a los médicos en general y de mostrarse, asimismo, comprensivo con los principales problemas que atañen a nuestra profesión: nueva directiva de la UE para que trabajemos hasta 65 horas a la semana, fuga de compañeros a otros países en busca de mejor reconocimiento y retribuciones, jubilaciones, relegamiento del principio de excelencia en el ejercicio de la Medicina, etc.

Pues bien, desde la CESM, y con respecto al citado artículo, tenemos un par de comentarios que hacer. El primero es que no sabemos de dónde ha sacado el señor Martín Ferrand la hipótesis de que pensamos convertirnos en abanderados del “no”. Pudiera ser que se haya formado esta idea a partir de informaciones o comentarios indirectos aparecidos días atrás en algún medio, pero no creo que tales lecturas le legitimen para extraer una conclusión tan rotunda. Le hubiera bastado con llamar a nuestro sindicato para hacerse una idea cabal y fiel de lo que en realidad es nuestra posición sobre esta cuestión, que no es ni puede ser otra que la de respetar lo que según su conciencia y lucidez consideren oportuno hacer los ciudadanos-médicos españoles. Otra cosa es que ejercitemos nuestro derecho -que puede ser incluso obligación- de examinar el contenido de la Constitución y resaltar lo que en ella puede haber de positivo o menos defendible para los miles de médicos con los que nos hallamos comprometidos. Pero ese análisis será en todo caso compatible con el profundo respeto que nos merece la libertad de criterio de nuestros afiliados, faltaría más.

Por otro lado, y en alusión al pretendido “desequilibrio esencial” que nos caracterizaría en semejante tesitura, no estaría de más recordar al admirado periodista que el sentido de la coherencia no es lo más destacable de su artículo. Y me explico: dedica las cuatro primeras quintas partes a cargarnos de razón para, acto seguido, dudar de que estemos cuerdos. ¿En qué quedamos?

Dr. Carlos Amaya Pombo
Secretario General
Confederación Estatal de Sindicatos Médicos

Publicado por: CESM