FINANCIACIÓN: PAN PARA HOY Y HAMBRE PARA MAÑANA

Dr. Ángel Pizarro Hernández
Presidente de CESM

Se avecina el día en que el presidente del Gobierno se ha de reunir con los de las Comunidades Autónomas para tratar el tema de la financiación sanitaria.

Difícil tema el de la financiación de la Sanidad Publica. Desde un principio, no fue posible poner de acuerdo a las diferentes autonomías tras completarse las transferencias sanitarias, y de ahí que, sin un control efectivo del gasto, hoy en día las deudas a cancelar sean de lo más diverso y cuantioso.

Cada comunidad ha actuado desde entonces de una forma descentralizada para ofrecer a sus ciudadanos sin duda la mejor Sanidad posible, aunque pensando muchas veces en la rentabilidad política de ello y sin tener en cuenta el gasto y la mejor gestión de los recursos asignados.

Las carteras de servicios en cada hospital se han venido ampliando sin pensar previamente si esa misma oferta asistencial se ofrecía ya en centros próximos. No se han escatimado medios, por los que las deudas, a semejanza de una bola de nieve, ha seguido engordando.

Hace no mucho tiempo, concretamente a comienzos de la pasada década de los 90, el ‘Informe Abril’ (llamado así por haber sido coordinado por el ex vicepresidente de Gobierno, y ministro de Economía en la etapa de la UCD, Fernando Abril Martorell) ya avisaba de la precariedad de la Sanidad y proponía algunas alternativas dignas de ser consideradas. Sin embargo, no se hicieron caso de las advertencias de este informe, solicitado por el Gobierno de Felipe González, y como bien sabemos se sumió en el olvido.

Llegamos de este modo a la situación actual, que es como la analizada por Abril Martorell, sólo que más intensa en las disfunciones diagnosticadas.

Voy a referirme brevemente a algunos de los datos que confirman esta impresión, junto a comentarios que, en mi opinión, podrían ponernos en la pista de por dónde podrían venir las soluciones para librarnos del atolladero en el que estamos metidos.

En el año 2001, cuando ya se veía venir el déficit de la financiación sanitaria, se promulga la Ley 21/2001, de 27 de diciembre, que fue aprobada con el consenso de todos los partidos del Congreso. En ella se regulaban las medidas fiscales y administrativas del nuevo sistema de financiación de las CCAA, dentro de las cuales se encontraban las sociales y sanitarias. Este modelo del 2001 representó un incremento de recursos para el total de las comunidades.

Sin embargo, ahora nos encontramos con que existen desajustes y los recursos resultan insuficientes.

Alegan las autonomías, con mayor o menor razón, los siguientes factores: aumento poblacional no considerado en la Ley 21/2001 (que viene de la mano de la inmigración, los desplazados y la atención a turistas y otros visitantes de fuera), envejecimiento, mejora de la tecnología y política de personal (léase retribuciones). Pero lo cierto, y eso es lo que no nos dicen, es que en la deuda acumulada desde entonces -que se situaría en torno a los 4.500 millones de euros, correspondiendo la mayor parte de ella a Cataluña, Valencia, Madrid, y Andalucía- también podría pesar en notable medida la mala gestión de los recursos disponibles. Desde luego, mi criterio es que la mayoría de los gestores sanitarios son aficionados políticos con algún curso de gestión, y que han hecho mal los deberes.

Frente a ello, he aquí lo que pienso podrían ser algunas cuestiones correctoras:

·  Las carteras de servicios (prestaciones), que suponen el 54% de gasto sanitario, podrían redistribuirse de una manera más racional, evitando las duplicaciones.

·  La partida farmacéutica, que trae de cabeza a todo político que se precie, representa a su vez el 25% del gasto. España es uno de los países que más dinero gasta en farmacia en la Unión Europea. Hay comunidades autónomas que están logrando que no se les dispare demasiado a base de incrementar las recetas de principios activos y de genéricos. De todas formas es un reto que tienen todas las CCAA y que está en función del aumento de demanda de asistencia y de lograr el convencimiento de los profesionales en la contención del gasto.

·  Hay que racionalizar el gasto optimizando los recursos en busca de una mayor eficacia y eficiencia. Sería conveniente la existencia de un organismo que controlase periódicamente la situación del gasto en las distintas autonomías y que pudiera advertir de desviaciones al mismo tiempo que propusiera métodos correctivos.

·  Otro modo de controlar el gasto es promocionando la medicina preventiva. Haciendo mas hincapié en la prevención nos ahorraríamos muchas enfermedades y colaboraríamos a la salud de los ciudadanos al mismo tiempo que reduciríamos costes.

·  No podemos permitir que a los profesionales sanitarios se nos considere como una de las causas del déficit sanitario, puesto que los discretos incrementos retributivos de estos años sólo han venido a compensar en parte la práctica congelación salarial que sufrimos durante la década de los 90, además de intentar ‘homologar’, sin conseguirlo del todo, por cierto, los salarios de las últimas CCAA más atrasadas a este respecto (las que recibieron en último lugar las transferencias) con las demás. Y decimos que no se puede apuntar hacia nosotros por esta vía porque, se mire por donde se mire, los sueldos de los médicos españoles están todavía a años luz de los que perciben nuestros colegas de los países europeos vecinos.

·  La Sanidad necesita prioritariamente un tratamiento a nivel de Estado, en el que se comprometan todos sin actitudes partidistas. Hay que pedirle a los presidentes de las CCAA y al del Gobierno que esfuercen su imaginación para llegar a acuerdos. En caso contrario, la bola de nieve de la que antes hablábamos llegará a tener un volumen difícil de dominar. Las soluciones a base de incrementar impuestos y ‘céntimos sanitarios’ nos parecen pan para hoy y hambre para mañana. Todo lo que no sea llegar a un acuerdo consensuado de incremento porcentual del PIB para Sanidad y de control del gasto será tiempo perdido.

jueves, 08 de septiembre de 2005.

Publicado por: CESM