Jubilación a los sesenta, voluntaria y pactada

     
A los treinta y cinco años de ejercicio profesional de la Medicina, mira uno hacia atrás, sin iras y pleno de nostalgias, ¿para qué disimular?. Porque además creo que se trata de una sana nostalgia, de tiempos no mejores por pertenecer a etapas juveniles, sino porque todavía esta bella profesión poseía el encanto de la vocación y el espíritu de servicio a los demás, con ciertos ribetes de altruismo propios de los que la habíamos elegido para ejercerla con toda nuestra vida. En definitiva, correspondían esas circunstancias a un época difícil para España, en la que “arrimar el codo” a los esfuerzos de recuperación e inicio de desarrollos económicos y sociales, suponía una excelente forma de autorrealización.

Mucho ha llovido desde aquellos tiempos del S. O. E. (Seguro Obligatorio de Enfermedad, para que a algunas personas jóvenes no les suene a ruso). Era la meta añorada entrar en ese Sistema Sanitario para la mayoría, y de poder dedicarse al terreno privado para otros. Incluso había suficiente hueco para desarrollar ambas maneras, ya que no existían las incompatibilidades. La verdad sea dicha que esa bipolaridad medicina pública, medicina privada ya era la manera de conseguir unas remuneraciones más o menos dignas, y capacitadotas para poder afrontar la formación de la familia.

Las cosas han cambiado a un ritmo vertiginoso. La sociedad ha evolucionado, sobre todo con la llegada de la Democracia, hacia una distinta valoración de los patrones en la relación médico-enfermo, hoy día entronizados en la idea de que el acto médico viene a ser como “un contrato entre iguales”. La figura del médico, desprovista de aquel cierto paternalismo de antaño, ha decaído al mismo tiempo en su prestigio social. Y la politización consecuente de la Sanidad ha llevado al profesional a ser considerado como un auténtico “semifuncionario asalariado”, dependiente del Estado o de las autonomías.

Pues bien, ahora que en otros campos laborales, intentan los gobiernos dar marcha atrás en su idea de proporcionar la jubilación de los trabajadores cada vez más anticipadamente (como se ha pretendido en España trasvolarlo a los médicos con aquellas medidas de jubilación forzosa a los 65 años, a traición y sin respeto a derechos adquiridos) y me atrevo a señalar que, en el terreno sanitario, cabría, y sería beneficioso desde muchos puntos de mira, abordar esa pre-jubilación, que incluso se podría fijar en la edad de 60 años, siempre que no fuera “forzosa”, sino voluntaria y pactada en sus condicionamientos económicos.
Me explico: estoy convencido de que muchos de nosotros, de esos que como comentaba al principio hemos rendido cuentas de esfuerzos y sacrificios durante más de 35 años de ejercicio profesional, estaríamos dispuestos a jubilarnos a esa edad, siempre repito que la remuneración que nos consolidáramos fuera acorde con el mantenimiento digno de nuestras familias. Y no se trata de la proposición de una deserción de nuestros anhelos, sino de caer en la cuenta de que no queremos ser considerados como desfasados, retrógrados y hasta inadaptados.

Nuevas tecnologías, nuevas maneras de gestión sanitaria, nuevos riesgos (y no hablo de agresiones, sino también de desplazamientos de un centro de trabajo a otro, de jornadas partidas, etc) que a nuestras edades no parecen ser racionalmente asumibles. Hay, de otra parte, paro médico, y una juventud ansiosa de relevarnos en nuestros quehaceres. Jóvenes si, pero suficientemente preparados para realizar esas funciones. Nueva savia en fin, capaz de “echarle valor al asunto de tirar de las riendas de la Sanidad”.
No vean tan descabelladas estas ideas. Hagan la prueba con una pequeña encuesta de su entorno laboral, con sus compañeros de trabajo de edades similares. Yo les prometo que, al menos en la asistencia especializada, en los hospitales, muchos asumirían esa pretendida pre-jubilación. Sencillamente porque queremos aprovechar esa edad plateada que se nos avecina llegando a ella con una todavía buena calidad de vida.

J. L. Alcántara Rojas

Madrid, 2 diciembre 2005 (azprensa.com)